Se apretó la campaña presidencial

Las elecciones presidenciales de “tres vueltas” están generando saturación y fatiga entre el electorado. Por un amplio margen, Gustavo Petro ha venido liderando las encuestas desde el año pasado, lo que sugería que era el único candidato que le proponía convincentemente un cambio y le hablaba al hartazgo de la mayoría del electorado, hasta ahora.

El jueves en la noche, las dos encuestadoras más tradicionales del país, Centro Nacional de Consultoría (CNC) e Invamer, presentaron los resultados que mostraban que Rodolfo Hernández, el candidato ‘outsider’, antipolítico y antiestablecimiento se encuentra a un rasguño de hacerse con un puesto en la segunda vuelta electoral, lo que podrá sustancialmente cambiar el panorama electoral.Cambio contra cambio

La narrativa electoral se ha basado en una línea conceptual cambio contra continuismo, en donde la mayoría de los electores ha demostrado con creces estar insatisfechos con el statu quo, así como el gobierno liderado por Iván Duque, que tiene una desfavorabilidad terrible, reforzada por las polémicas que solo acrecientan la idea de que los gobiernos son solo caminos para beneficiar a unos pocos. Las demás mediciones de clima electoral también muestran un pesimismo latente con la corrupción, el costo de vida, la economía, la seguridad, etc.

Petro y Francia Márquez, como fórmula, han buscado personificar el cambio hacia un modelo de país muy distinto en el que vivimos; más diverso, más redistributivo y con unas propuestas económicas transformadoras. Incluso desde la concepción de su campaña han buscado blindar su narrativa con un aire de inevitabilidad de que nada es más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo. Su mismo nombre sugiere que será difícil para que alguien haga campaña en contra de la historia.

Esta narrativa tiene sentido contra un representante del modelo de gobierno actual como lo es Federico Gutiérrez, o incluso de políticos que hayan estado en la escena y representan una visión alternativa como Sergio Fajardo, pero se debilita ante la irrupción (así sea momentánea) de un ‘outsider’ verdadero como Hernández, quien hace campaña mayormente en las redes sociales y ha basado su narrativa exclusivamente en la lucha contra la corrupción y el establecimiento político.

Hernández, quien ha tenido una campaña modesta, con un equipo pequeño, basada en redes sociales, con poca profundidad programática, frases coloquiales e impactantes y mucha réplica en medios de comunicación tradicionales, creció a un 20 % la intención de voto, acercándose a Federico Gutiérrez, quien ocupa el segundo puesto en las preferencias del electorado. Hernández tiene 77 años, su fórmula vicepresidencial es totalmente desconocida por los electores, tiene un programa de gobierno superficial y pocas alianzas con cuadros políticos reconocidos. Estas características lo hacen muy vulnerable para enfrentar la segunda vuelta, pero al mismo tiempo refuerzan su mensaje que lo ha llevado al lugar donde está: el antipolítico.

Con Hernández, la narrativa lineal de la campaña ya no puede ser cambio contra continuidad, sino entra a pelear la preferencia de un modelo de cambio (el cambio de Rodolfo contra el cambio de Petro) algo que intentó Fajardo, pero que no pudo concretarlo debido a múltiples errores de mensaje, de coalición y de la personalidad propia del político.

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